¿SIN VESTIDO Y CON CORSÉ?

Por: Leslie Díaz Monserrat
Cuando en los años 20 de siglo pasado, la afamada modista francesa Coco Chanel cambió el curso del vestir femenino, de cierta forma, también, abrió las puertas a una nueva época para la mujer.  Sin embargo  hoy, a tantos años de la conmoción que causaron los pantalones femeninos que decretaran la muerte del corsé y de los vestidos suntuosos de las esposas adorno de los burgueses, todavía persiste cierto pensamiento, que al igual que aquella prenda que modelaba la silueta, pretende atar el comportamiento de la mujer a antiguos cánones machistas.


Y quienes crean que estas actitudes sexistas han pasado de moda, pueden sorprenderse, al igual que yo, al descubrirlo en  muchos hombres, incluso profesionales, que aún se mantienen apegados a las viejas fórmulas patriarcales. Pero los tiempos cambian y con ellos los roles que los géneros ocupan en la sociedad y si antes una mujer esperaba en casa entre agujas y calderos la llegada del esposo, hoy han trasgredido la línea de las labores históricamente concebida para ellas y, entonces,  podemos hablar de doctoras, enfermeras, periodistas, ingenieras y etc.
A pesar de todo, algunas posturas sociales no han ido de la mano con los nuevos tiempos y muchos hombres consideran que sus esposas solo deben desempeñarse como amas de casa.  Mientras, aquellas que logran escalar socialmente se enfrentan a la falta de apoyo familiar, porque aunque profesionales no han dejado de ser madres, hijas y esposas. Están las que llegan a su hogar después de un agotador día de trabajo y encuentran a sus hijos sin bañar y un silencio total en su cocina. Ahí comienza la otra jornada laboral, aquella que la obliga a lavar de noche  o a limpiar su casa a temprana horas de la mañana, antes de partir hacia su centro de trabajo.


Afortunadamente, no podemos hablar de discriminación de género en Cuba, donde la Federación de Mujeres Cubana realiza una importante labor en la defensa de los derechos femeninos. Sin embargo, persiste cierto machismo aprendido que ha enraizado en la vida familiar de muchos hogares. Entonces, no se trata de falta de posibilidades, porque el gobierno revolucionario se ha trazado como principio la igualdad de oportunidades con independencia del sexo, pero muchas familias de hoy no logran reestructurar los roles de sus integrantes.
¿Por qué un hombre no puede cocinar si su esposa tiene que llegar más tarde por compromisos de trabajo? Cada quien tiene su propia respuesta para dicha interrogante y muchos se apegarán a la costumbre,  porque esa siempre ha sido una labor de mujer.
Ya no se puede decir que el hombre trae la comida para que su señora la cocine porque los roles se han ido fusionando y en numerosas casas los mayores ingresos vienen de parte de mamá. Entonces ¿por qué persiste la falta de apoyo que les impide a muchas féminas realizarse como profesional?

Están las que optan por la soledad y posponen una y otra vez sus proyectos de conformar una familia y aunque conquisten encumbradas cimas, sienten el vacío de no tener a quien llamarle hijo.
Sin embargo, admiro a las que han hecho historia, se han impuesto a la vida y a las costumbres para lograr  el éxito profesional que se merecen. Me quito el sombrero ante las madres y las esposas que han podido llevar con igual éxito la familia y el trabajo y orgullo siento por Gertrudis Gómez de Avellaneda, por Amelia Peláez con el trazo gordo y colorido que la caracteriza  y por la zalamería atrevida de Carilda Oliver Labra.
Y aunque las costumbres permanecen como leyes no escritas y el cambio se convierte en un proceso difícil,  espero que el futuro libere de machismo la vida de muchos; ahí incluyo a varias mujeres, porque, aunque Coco Chanel revolucionó la vida femenina en 1920, en este 2012 todavía están las que, desprovistas de aquellos vestidos de ayer, continúan atadas al corsé de las costumbres y se niegan a romper ciertas posturas machistas con las cuales, por cierto, parecen sentirse cómodas.

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