MADRE DE AMORES ROTOS

Hace mucho que no anida la mariposa entre mis piernas. Hace mucho que olvidé el beso de la mañana y ahora solo tengo atardeceres de primavera. Tanto soñé con el mundo rosa. Tantas novelas de Corín Tellado, terminaron por afectarme el cerebro y todavía imagino al hombre que se acerca con el aroma natural del macho, jadeante por el deseo que late en mi estómago.

Pero más vale despertar de esos deseos cuando el grito de un bebé funciona como despertador y un esposo horrendo revolotea por el cuarto.

A veces parece una estampa del siglo XIX y me conformo con ser la madre que queda en casa. Sin embargo,  mientras friego la losa del desayuno repaso en mi memoria cada detalle dela Basílicade San Pedro, y puedo escuchar la voz cotorra de la profesora de arte enla Universidad.

Entonces sonrío, vuelvo a sentirme feliz por unos instantes al recordar aquellos besos a escondidas, o los momentos sin sábanas de la primera vez. Vuelvo sobre el cuarto del albergue, las noches de insomnio, los sueños por cumplir, las aspiraciones…

Ahora solo quedan los cálculos de la economía del hogar, saber cuánto cuesta la vida en el mercado, lavar, planchar, cocinar, limpiar, atender, servir, servir y servir.

Un tiempo atrás me aferraba a lo imposible, quería construir castillos, aunque estos fueran de arena y se deslizaran con la primera tormenta. Le ponía colores a lo gris, sabía besar tras las ofensas, no dolían tanto los desplantes en la acera.  Podía explotar entre las sábanas y detrás de cada pelea venía la mano experta en recorrer mi silueta.

Después llegó el milagro, ese que buscamos por tanto tiempo y empezó a acumularse el cariño en mi panza. Los primeros días de maravilla, nada como escuchar su murmullo en medio de la madrugada, los dos nos anclábamos a la cuna como el marinero que espera encontrar tierra en el horizonte.

Después el primer paso, las palabras balbuceadas, la sonrisa de mamá, el único diente en la boca. Mamá siempre para verlo y aquel hombre que un día fue príncipe se desmoronó en la cotidianidad.

Ahora, solo quedan platos por lavar en un día que anuncian de apagón y entonces, acaricio el vaso con la esponja al ritmo de cada palabra que se me posa en la mente.

Vuelvo al cuarto, recojo mis cosas, tiro la puerta, me llevo a mi hijo a un mundo de más felicidad y deambulo por el parque a la espera de un milagro, o simplemente con la esperanza de creer que  sueño esta dura realidad.

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