Mingo tiene la fórmula de los 130!!!

«Si la carne de puerco matara, ya hubiese  desaparecido del mapa», asegura Abraham Heriberto Feliciano, quien a los 104 años de edad mantiene una memoria envidiable, y aunque todos lo conocen por Mingo, su familia lo ha bautizado como el disco duro de la casa.

Tal parece que la grasa de cerdo incrementa la retentiva, porque este señor centenario  puede citar todas las fechas de nacimiento de sus ocho hermanos y declamar las décimas que le compusiera a los amores de antaño.

«Pregúntale por Pura María», insiste una de sus nietas y lo hace recordar los versos  que le compusiera a aquella joven para jurarle en una rima su amor.

«Los dos fuimos novios por un tiempo, pero falleció una de mis hermanas y ella no entendió mi duelo»

—¿Alguna vez te casaste?

—Si, pero no tuvimos familia. A mi esposa le resultaba difícil comprender mi consagración hacia mi familia.

«Imagínate, desde que tenía 21 años quedé huérfano de padre y permanecieron bajo mi responsabilidad 19 personas, entre ellos mis 12 sobrinos, a quienes crié como hijos. Por aquella época estaba Gerardo Machado en el poder, ya se podrán imaginar lo que tuve que trabajar para mantenerlos. Nunca les di la espalda y ninguno puede decir que  le puse la mano encima o lo regañé demasiado fuerte».

Aunque nunca tuvo hijos le han nacido más de 18 tataranietos y una familia numerosa que le dice papá y lo agasaja como abuelo. Tal vez, ha sido su carácter afable la expresión de un corazón noble.

Su yerno, Aurelio Roberto Hernández, asegura que nunca en su vida ha visto a Mingo bravo y convive con él desde hace mucho tiempo.

«Siempre le digo que no va a llegar a mi edad por la lucha que coge con todo, la vida se debe tomar con más calma» le responde al esposo de su hija y continúa contando los rituales de cada uno de sus amaneceres.

«Cuando me levanto siempre tomo un vaso de agua en ayuna con una aspirina. Después mi buchito de café, porque desde niño aprendí a disfrutarlo con mi mamá. La comida a su hora, temprano,  el almuerzo a eso de las 11 de la mañana y por la tarde a las seis».

— ¿Nunca fumaste?

—¡Cantidad! Hasta los noventa años tuve vicio de tabaco y ahora lo dejé. No porque me mandó el médico, soy medio caprichoso y seguiría haciéndolo, lo que pasa es que el tabaco de ahora no tiene la misma calidad.

Parece que le gusta llevarle la contraria a los designios de la medicina, tal vez ha sido producto de la falta de contacto con los galenos, pues solo a los 99 años visitó por unos días el Hospital. Quizás al humo de tabaco, al café y a la carne de puerco con manteca, le deba este hombre su envidiable longevidad. También el trabajo debe haber influido pues desde los doce años se puso a cortar caña para ayudar con el sustento de la familia. Domina la técnica del machete cuando quiebra la planta y danza en el aire para empezar todo de nuevo. Al hablar parece que acaricia la hoja del tabaco que tanto sembró en su vida y tal vez, esa cercanía con la tierra le obsequió la bienaventuranza de la salud.

Aunque se podría hablar de genética porque dos de sus hermanos gozan de la vida a los noventa.

Pero lo de Mingo no tiene fin, y lo asegura con la certeza de considerar los 120 años como una meta demasiado fácil de cumplir.

«La vecina del lado tiene una niña chiquita y se pasa la vida sacando la cuenta de la edad que tendrá cuando su hija llegue a los quinces. Siempre le digo que para ese tiempo ya habré cumplido los 118 años»

Entonces se echa a reír y los ojos azules se transforman en las rayas del horizonte cuando el cielo se empata con el mar.

Toda la familia lo espera. Esta periodista ha venido a interrumpir tremendo cumpleaños. Se escuchan las felicidades. Primero las fotos con las hijas, después con los nietos, ahora los bisnietos y por último los tátara.

—Bueno Mingo, ¿cuándo nos volveremos a ver?

—El año que viene, en los 105.

Seguro que sí, allí estaré el próximo 16 de marzo para felicitarlo y también espero celebrar con este señor sus 130, porque ha dicho que no parará hasta coleccionar todos esos años. Pero entonces ahora soy yo la que debería empezar a sacar cuentas para ver qué edad tendré para esa fecha.

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