LO QUE PUEDE HACER LA LLUVIA

Será la lluvia quien nos pone los ojos a media hasta y nos invita a la cama. Entonces llegan las nostalgias, las melancolías… los deseos de escapar aún refugiados en la vieja sombrilla que no resiste ni el primer viento platanero.

Pero nada como la poesía para levantar los ánimos de un día que se desploma en la llovizna.

No me pueden faltar los de siempre, Cortázar,  Neruda, Benedetti, Carlida, Gabriela Mistral, Juana de Ibarbourou y unas cuantas mujeres más que hicieron poseía con la experiencia de una vida sufrida o soñada, imaginada en medio de pasiones que descubren su encanto en la prohibición.

Por eso admiro tanto la literatura escrita por mujeres, porque encienden la llama del deseo oculto en aquellas que se resisten al cambio y se han acostumbrado a existir a la sombra entre pañales y calderos.

Ser mujer va más allá del maquillaje y de los tacones aguja, a los cuales no renuncio por tal de pertenecer al  esteriotipo de la mujer profunda.

La feminidad viene implícita en ese sexto sentido con el que se nace. Cierto olfato para ver más allá de la punta de la nariz.

Se trata del amor inmenso que se siente desde que la semilla se posa en el vientre y de los deseos de vivir que nunca se acaban ni aún después de los cincuenta.

Admiro a las que se imponen a los prejuicios y se ríen del machismo en pleno siglo XXI.

No se trata de renunciar al hombre de tu vida, sino de tener la gracia de enseñarlo a convivir en estos tiempos donde la mujer, es madre, esposa, hija, pero también una profesional que precisa de tiempo para superarse.

Siempre querré tanto a mi madre, por haberme enseñado a no bajar la cabeza ante el dolor y a luchar incluso cuando no queden fuerzas.

Por eso hoy, renuncio a la soledad de mi cuarto y me lanzo a la vida con mi paraguas roto.

Entonces, siento la lluvia, otra vez me corre por el cuerpo y produce aquella sensación olvidada. Recuerdo los días de la infancia donde corría de un lado al otro y me inventaba piscinas en los charcos o echaba a la mar cientos de barquitos de papel que no encontraban puerto.

Creo que debe ser la lluvia, porque he comenzado  a vivir esta mañana, la culpa la tiene el temporal, quizás a él deba agradecerle tanta felicidad.   (Leslie Díaz Monserrat)

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