SOY LO QUE VES

En la casa de Vueltas con las dos mujeres de mi vida

En estos días me he puesto un poco melancólica y me ha dado por evocar a los que ya no están porque se han ido para siempre y también a esos que me mandan sus señales de humo desde los más recónditos lugares del mundo.

Ahora recuerdo a mi abuela Marcela parada frente al viejo fogón de carbón de los tiempos difíciles. Disfrutaba menear la espumadera dentro de la caldera, hasta que la harina tomara forma y se hiciera bien espesa: — cuando empiece a tirar besitos es porque ya está—, me decía y continuaba hablando de lo rica que era esa masa amarilla para que se contentara esta niña que solo quería comer fojoles…

Por suerte, todavía la tengo y puede apupucharla de vez en cuanto y escuchar sus regaños a la «peor nieta del mundo».

A mi abuelo casi no lo conocí. Sin embargo mantengo intacta su imagen de hombre serio, prudente, tenía hasta un toque de intelectual con sus pequeños espejuelos negros. Siempre me decía el patico feo (sus razones tendría), sin embargo profetizaba que algún llegaría a ser su pavo real.

De él heredé el amor por los libros, pues ese lector voraz que solo llegó al sexto grado tenía una cultura increíble. Todavía guardo un ejemplar de Los Miserables, novela que le encantaba y es lo que me queda de su colección de libros, después de que ciertas personas no resistieron la tentación de darle un uso «más útil» cuando empezó a escasear el papel sanitario.

Tenía algo de filósofo y hablaba con una sabiduría increíble. Lo recuerdo abrazado a su guitarra mientras desgarraba con su voz la canción de las Dos Gardenias.

Aunque el tiempo ha dejado su huella inexorable, nunca podré olvidar mi casita de tablas en Vueltas. La harina del almuerzo o aquella mortadela líquida que abuela convertía en jamón, con sus dotes de maga cocinera.

Las personas son el resultado de la vida que han tenido. Por eso no puedo renunciar a la nobleza de la gente de campo y a los deseos de luchar siempre. Porque mi familia me ha enseñado a seguir adelante, a esforzarme siempre, a no vacilar…

Simplemente soy lo que ves, una mujer sencilla, apasionada, que vive de y por sus ideales… Tal vez esto suene ridículo o poco práctico, sin embargo, me encanta nadar contra corriente y aferrarme siempre a esos sueños que comencé a tejer desde que en mi camita personal de hierro me daba por imaginar la vida.

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