Cuando vale la pena

Linares

Linares

Hoy reinicia la pasión:  Villa Clara vs. Matanzas, tremenda final.  Se pronostica de todo y esperemos que los naranjas, al fin, se coronen campeón. De todas maneras, cualquiera se ahoga con una espinita… 

Como a nosotras también nos encantan los deportes, aquí les dejo una excelente crónica de la colega Mayli Estévez,  porque aunque pase lo que pase, este Play off vale la pena

Otra final beisbolera y mucha agua han pasado por debajo del puente desde la 49 Serie. Y aunque los numeritos saquen apenas tres años de distancia, los mandos y el equipo han cambiado. Hay diferencias, grandes o pequeñas, las suficientes. Unos han envejecido, otros han madurado, unos no están, otros se incorporaron.

¿Qué sucederá? Mire usted, a Nostradamus no le gustaba la pelota, porque no dejó ninguna profecía al respecto, pero a flor de piel usted (que lee) encuentra las señales donde quiera. Se inventó que si el atardecer es medio naranja y sucede todos los días, por qué no habría de ser naranja también esta Serie Nacional. Se escudó en el axioma de que si Villa Clara fue el último clasificado entonces le toca ser campeón, porque en años anteriores, Ciego, Pinar e Industriales, lo consiguieron. Usted que lee lo único que pide es dejar en 18 años esta maldición que le ha privado empinar el codo y tirar la casa por la ventana.

Porque creyó, y se decepcionó. Perdonó y volvió a creer y eso sí que vale la pena.

Olvidó que prometió no volver al estadio o vestirse de naranja. Olvidó que nunca más hablaría de pelota, y ahora se le ve más «peñista» que los del Burro Perico.

Usted que lee, le robó tiempo al sueño y salió a las calles de Ranchuelo o Santa Clara para decir adiós, o acercarse al del lance o aquel batazo. Usted que lee, y que ayer cumplió 80 años, o que es de esa generación que nunca ha visto coronarse a un Villa Clara, ha vuelto a soñar. Y eso lo ha conseguido un equipo que no asusta a nadie, pero que le ha hecho perder apuestas a más de uno.

Una novena de esas, que anota las carreras a cuentagotas, y a usted se le va la vida y la paciencia. Pero también es esa que remonta y sabe buscar ventajas, y eso lo hace feliz. Es aquella donde cinco refuerzos, le han puesto alma a unos naturales, que aquejados por X o Y,  tampoco creían y hoy lo hacen.

Un equipo que va desde la mesura de Ramón Moré, pasa por la contagiosa energía de Lázaro Tato López y termina —por escribir termina— en lo irremediablemente correcto de Jesús Manso. Eso desde la línea de dirección, porque un poco más abajo, los caracteres son múltiples. Está el que se ríe cuando nadie entiende por qué, o el que llora porque recuerda a alguien de casa y la vida no es fácil, ni para él, ni para usted. Así entre todos, dieron respiro a un equipo que aún no cumple su objetivo, pero va camino a eso. Sin triunfalismos, porque de esa mordida, ustedes que leen, padecieron.

Jornadas por venir, jornadas en las que valen la pena los madrugones y hasta el conflicto con el vecino que no entiende de pelota. Jornadas que valen la gripe por estas lloviznas veraniegas, y hasta el cansancio de ir y venir por carretera desde Caibarién, Vueltas o Cifuentes. Ahora es cuando vale la pena llenar estadios, y este, un buen momento para cerrar con esa frase.

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