Archivo de etiquetas| Alejo Carpentier

Madre e hija: Una historia de amor

En esta historia todo comienza al revés, del final hacia el principio de un amor interminable y como el Viaje a la Semilla que dibujara un día nuestro Alejo Carpentier.

La hija acaricia el pelo blanco de la madre y observa el candor de las canas que fueron palideciendo cada año con el esfuerzo por hacer de su familia el mejor lugar posible. Han pasado tanto juntas: los tiempos difíciles de los noventa, la crianza de los hijos que le dicen abuela, la segunda boda, el divorcio tras el primer amor.

Por el momento disfruta tenerla este día de las madres y no importa si está ausente, si de nuevo le ha dado por colorear o si olvida el nombre de su hija. Sigue leyendo

Anuncios

La Bodeguita del Medio cumple 70 años

La Bodeguita del Medio, uno de los restaurantes más famosos de Cuba, cumple hoy sus 70 años de su fundación con varias actividades para festejar la ocasión y toda la historia acumulada en estos años.

Ubicada en la calle Empedrado, muy cerca de la Plaza de la Catedral, en La Habana Vieja, la legendaria fonda cubana fue fundada en 1942 como una bodega que, a diferencia del resto, estaba a mitad de una calle. De esta manera, no se trataba de una bodega cualquiera, sino de la bodeguita que estaba en el medio de una calle, por lo que los vecinos la conocían como “la bodeguita del medio”.

Cuando el local pasó a ser restaurante, su dueño, el español Ángel Martínez, decidió conservar el nombre con el que los clientes ya habían bautizado su negocio. Con una marcada huella entre cultura, tradición culinaria y celebridades, este local de rústicas mesas atesora en sus paredes más de dos millones de firmas de celebridades como Ernest Hemingway, Mario Benedetti, Pablo Neruda y Errol Flynn. Sigue leyendo

UNA HISTORIA DE AMOR

En esta historia todo comienza al revés, del final hacia el principio de un amor interminable y como el Viaje a la Semilla que dibujara un día nuestro Alejo Carpentier.

La hija acaricia el pelo blanco de la madre y observa el candor de las canas que fueron palideciendo cada año con el esfuerzo por hacer de su familia el mejor lugar posible. Han pasado tanto juntas: los tiempos difíciles de los noventa, la crianza de los hijos que le dicen abuela, la segunda boda, el divorcio tras el primer amor.

Por el momento disfruta tenerla este día de las madres y no importa si está ausente, si de nuevo le ha dado por colorear o si olvida el nombre de su hija.

Ahora toma la cuchara con el puré de malanga y atina a hacerle el avioncito hasta que encuentra el blanco.

Después limpia cada centímetro del rostro, la llena de lunares de talco y la vuelve a acostar.

Hace unos años no estaba así y su madre era la fuerza impulsora de la casa. Primero el desayuno bien temprano en la mañana, calentaba el agua para los nietos, planchaba el uniforme y despedía al esposo antes de partir para el trabajo. Sigue leyendo