EL MINUTO CERO

“Los relojes blandos”, famoso cuadro del pintor español Salvador Dalí.

“Los relojes blandos”, famoso cuadro del pintor español Salvador Dalí.

A cada rato mira el reloj. Las manecillas no se detienen. Llega tarde al trabajo. Faltan cinco minutos para la guagua. Vuelve a observar el segundero. Las horas vuelan. Cruza la calle. Mira el reloj. Siente los frenos de un auto. Cae al piso. La vida le marca el minuto cero.

Así perdieron la  vida 9 personas el pasado año y otras 79 sufrieron diferentes lesiones. Según la Jefatura Provincial de Tránsito, en el 2013, tan solo en Villa Clara se reportaron 72 accidentes con peatones.

Las causas resultan risibles, una falta a las reglas más elementales de la existencia en sociedad: cruzar las calles de forma incorrecta o no transitar por las aceras. Es cierto que la modernidad le impuso un nuevo ritmo a lo cotidiano, pero tales negligencias,  no pueden acortar vidas, mutilar familias, frustrar sueños…

La ley 109 establece en los artículos 145 y 146 las normas para una conducta adecuada de los peatones en la vía. Prohíbe caminar de espalda al tránsito, cruzar entre vehículos o atravesar una calle en diagonal. Por violar regulaciones como estas, el pasado año se impusieron 320 notificaciones de tránsito entre multas preventivas (una especie de llamado de atención pues no se pagan) y efectivas, estas últimas por un monto de 20 pesos.

La inexistencia de una cultura vial en la población resulta innegable. Es común observar a madres que no conducen a sus hijos por el lado más seguro de la vía. Con frecuencia los niños y adolescentes juegan en la calle o transitan por ella sin la debida supervisión.

En el caso de las aceras, muchos la desestiman, mientras otros han sido privados de ellas. Aunque las normas de urbanidad lo prohíben, en las aceras tropiezas con todo tipo de obstáculos: rejas, escalones, puestos de venta con sus respectivas colas, sombrilla de playa, cercas… Allí se sientan a conversar los vecinos. Juegan los niños. Parquean bicicletas…

Ante tantos estorbos, los peatones se ven obligados a abandonarlas, pero también abundan los que disfrutan caminar por el mismísimo centro de las calles. Por otra parte, Santa Clara posee aceras muy estrechas.

Las cebras también ofrecen una protección al transeúnte. Aumentar su número podría ser un atenuante, pero solo pueden colocarse en lugares donde transiten  más de 300 personas en un minuto. Razón por la cual escasean en la capital provincial, pues en la ciudad no predominan espacios con dicho flujo poblacional.

Con un ajetreo inferior al de las mayores concentraciones urbanas de Cuba, en Santa Clara también existen lugares peligrosos. Entre ellos se encuentran las áreas hospitalarias y de las terminales (ómnibus y tren) y los alrededores del Parque Vidal.

No importa cuán transitado sea el lugar para tomar precauciones, pues nunca está de más cuidarse de los choferes irresponsables, esos que frenan su carro de manera intempestiva solo para coquetear con una mujer.

Ponga todos sus sentidos a funcionar cuando camine por la ciudad  y deje los problemas en casa. Vístase de responsabilidad en la vía y tómese su tiempo, porque si no, la vida puede marcarle el minuto cero.

 

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